
Amamantar a tu bebé puede ser una de las experiencias más hermosas que tengas en tu vida y por ese motivo es importante estar preparado, tanto física como emocionalmente.
La lactancia es una prueba difícil para la mamá que lo hace por primera vez, mi primer consejo sería que te pongas en contacto con un grupo de apoyo a la lactancia dentro de tu comunidad, bien sea La Liga de la Leche, o a través de tu hospital o tu médico.
Si tu madre, una amiga cercana u otra persona que conozcas ha tenido o tuvo una buena experiencia amamantando, ella puede ser tu mejor guía. Antiguamente la lactancia pasaba de madres a hijas o dentro de las
comunidades las niñas aprendían viendo a las mujeres mayores amamantar
a sus bebés.
Ahora, cuando una mujer tiene un hijo, casi nunca ha visto de cerca de
otra mujer amamantando. En muchos países incluso existen leyes que
prohíben a la madres alimentar a sus hijos en público. Lo normal es ver
a las madres cargando además del bebé un gran bolso lleno de biberones,
tarros de leche, termos de agua caliente, etc.
A pesar de que la lactancia es instintiva en todos los mamíferos, en
los humanos éste lazo parece haberse roto, los hospitales se hacen
cargo de los recién nacidos y cualquier asomo de instinto se rompe, si
la madre no puede estar con su hijo. Por eso es importante tratar de
aprender, como lo dice el libro de la Liga de la Leche “El arte
femenino de amamantar”.
Si puedes estar cerca de otras madres lactantes antes de tener a tu
bebé, ésta sería la situación ideal. Escuchar las experiencias y
dificultades, exponer tus dudas y poder ver a niños y madres en acción
es la mejor escuela. Si no tienes esta posibilidad, es importante que te informes todo lo
que puedas, ya sea en libros sobre lactancia o en el Internet.

Esto es
importante que lo hagas no sólo tu, sino también tu esposo, tu madre y
las personas que vayan a estar a tu alrededor los primeros meses
después de que nazca tu bebé. Por muy buenos deseos que tenga la madre de amamantar a su hijo, si
quienes están a su lado no le brindan confianza, lo más probable es que
no pueda hacerlo.
Tu médico personal y el pediatra que vaya a estar a cargo de la salud
de tu hijo también deben conocer sobre la lactancia y estar dispuestos
a ayudarte. Muchas veces ellos se limitan a decirle a la madre que la
lactancia es lo mejor, pero te dan la fórmula de la leche artificial
por si acaso y no se toman el trabajo de ayudarte y reforzarte si
necesitas ayuda. Habla con otras madres para informarte que tanto apoyo
recibieron del médico respecto a la lactancia antes de tomar ninguna
decisión.
Debes tener a la mano el teléfono de otra madre a quien puedas llamar y
con quien puedas compartir tus dudas y dificultades, en los grupos de
apoyo a la lactancia encontrarás que hay otras madres dispuestas a
ayudar.
Pídele a tu médico que revise tus senos antes del parto para estar
segura de que no tienes el pezón invertido y para que te indique que
tipo de masajes puedes hacerte para ir fortificando los pezones.
En la antigüedad no existían los sostenes y las telas eran más burdas;
el constante roce de la tela contra la piel, hacía que la piel fuera
más gruesa. Ahora, cuando cubrimos nuestros senos desde la pubertad con
la suavidad de los sostenes, la piel se conserva muy suave y poco
resistente al roce.
Consigue una botella de agua grande para tenerla a mano cada vez que te
sientes a amamantar a tu hijo. La sed te secará la garganta, es un
reflejo de tu cuerpo pidiendo líquido para reponer el que se está
tomando tu bebé.
Acostúmbrate a una dieta sana y balanceada, el bebé sacará de tu cuerpo
lo que él necesita, si no te alimentas bien, serás tú en primera
medida, quien pierda los nutrientes que estás dejando de comer.
La cafeína pasa a la leche, y lo que más desea una madre es que su bebé
duerma bien, bajar el consumo de cafeína a lo mínimo, es algo que los
beneficia a los dos.
Asegúrate de tener ropa cómoda para amamantar, tanto en el día como en
la noche. Venden ropa especial con aberturas a ambos lados de la blusa
o camiseta, pero también podrás utilizar muchas prendas de antes del
embarazo. Lo que no podrás utilizar son vestidos de una sola pieza sin
botones en el frente y camisas de dormir. Tendrás que alimentar a tu
bebé infinidad de veces en la noche y debes estar los más cómoda
posible.

La forma más fácil de amamantar a tu bebé en la noche es que ambos
estén acostados de medio lado, así puedes descansar y dormitar mientras
el bebé toma su leche. Por ésta razón debes buscar la forma de que tu
hijo esté seguro y no se vaya a caer de tu cama. Puedes colocar la cama
contra la pared, colocar un riel de malla de los que se usan para niños
mayores, o colocar una cunita especial de las que se adaptan a la cama
de los adultos.
Es mejor que el bebé no duerma entre tu esposo y tu por
varios motivos: el primero es que la madre está conectada de una manera
especial con su bebé y sus ciclos del sueño y de la producción de leche
se sincronizan de una manera admirable. Para los hombres es más difícil
crear ésta conexión y cuando duermen profundamente, podrían dar la
vuelta y sofocar al bebé o golpearlo con un movimiento involuntario.
La otra razón es que debes poder mantener la cercanía e intimidad con
tu esposo. Dormir abrazados no es una costumbre que deba perderse al
nacer el bebé. Los primeros meses el bebé va a consumir casi todas sus
horas de vigilia, poder abrazarse en la noche, permite reencontrarse.
Además, pasar las noches sentada en una silla, por más cómoda que sea,
amamantando a tu hijo mientras vuelve a dormirse, puede convertirse en
una verdadera pesadilla. Lo hice con mi hijo mayor, nunca se me ocurrió
ponerlo en la cama conmigo hasta que ya estaba a punto de morirme por
falta de sueño. Las interminables noches que pasé en la silla mecedora
no se las deseo a nadie. Te aseguro que podrás descansar mejor si
tienes al bebé al alcance de la mano.
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