
El miedo al dolor durante el parto nunca debe ser una justificación para pedir una cesárea.
Las mujeres que pidan a su médico una cesárea, deben ser muy concientes de los riesgos y de los beneficios de su decisión.
Lo que antes era una operación de alto riesgo, ahora se hace por pedido de la madre o por sugerencia del obstetra. Muchas de las razones que argumentan tanto las madres como los médicos no tienen nada que ver con los riesgos que correría la madre o el niño si no se practicara la cirugía, sino más bien por situaciones prácticas o emocionales.
El miedo al dolor, es una de las grandes motivaciones que tienen las
madres para optar por la cesárea. El trabajo de parto ha sido un miedo
ancestral y durante muchísimos años fue una de las mayores causas de
muerte en las mujeres.
Este es un factor que no se puede minimizar y suponer que se puede
pasar por la experiencia de tener un hijo sin sentir dolor, es un mito.
Existen métodos para manejar el dolor, tanto con drogas, como con
ejercicios de relajación o respiración. Pero evitarlo, es imposible.
Lo que muchas mujeres no saben, es que el dolor post operatorio de la
cesárea puede ser aún más intenso, más limitante y mucho más largo que
el del trabajo de parto. El dolor tiene un componente físico y uno
psicológico.
Cuando una mujer está en trabajo de parto y le comienzan
sus contracciones, el dolor es cíclico y aumenta a medida que pasan las
horas. Esto puede ser extenuante y difícil, sobretodo para la madre
primeriza, ya que el proceso es más lento y no se puede dar la
anestesia hasta que la madre ya haya comenzado a dilatar. Pero al menos
la madre sabe que su dolor tiene un propósito, traer su hijo al mundo.
La madre que opta por la cesárea, generalmente llega al hospital sin
ningún dolor, ya que ésta ha sido concretada de antemano, recibe la
anestesia y hasta que ya no está de vuelta a su habitación, no ha
sentido más que la punción de la aguja en su espalda.
Pero el dolor
viene luego, cuando pasa el efecto de las drogas. Este no es un dolor
sólo por la cirugía, sino que además el útero debe contraerse
fuertemente para recobrar su tamaño normal y para que se detenga la
hemorragia. Estas contracciones sobre la herida, son extremadamente
dolorosas y nadie parece hablar de ellas.
Además, la madre no dispone de paz y tranquilidad como en cualquier
otra cirugía para recuperarse, sino que debe comenzar la maratónica
actividad de cuidar a su bebé recién nacido. El dolor en este momento
ya no tiene ningún propósito, y la madre debe soportarlo durante días o
semanas, cuando su cuerpo está cansado y ya no tiene el fuerte
aliciente de soportarlo para ver nacer a su hijo.
Caminar, mantenerse erguida, amamantar, no dormir, pasear el bebé,
sacar los gases y compaginar todo esto con el dolor, no es una tarea
fácil. Las madres que tiene un parto vaginal, tienen un recuperación
muchísimo más rápida y libre de dolor.
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